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martes, 29 de enero de 2013

Amigos en un mundo de dolor

Lectura bíblica: 2 Corintios 1:3–7

Con la consolación con que nosotros mismos somos consolados por Dios, también nosotros podemos consolar a los que están en cualquier tribulación. 2 Corintios 1:4


Esta es una noticia penosa: observa a cualquier grupo de chicos y verás dolor. Es casi una garantía que verás a algunos luchando con amistades rotas, una enfermedad grave, la muerte de un amigo o de un ser querido, o una situación tensa en casa. Puedes estar seguro de que enfrentan las pérdidas y los desengaños del diario vivir: obtienen una mala calificación, pierden un libro que hay que devolver a la biblioteca o son excluidos de un equipo.
Entonces, ¿qué puedes hacer para aliviar el dolor y el sufrimiento?
Vas por el camino correcto si se te ocurren cualquiera de estas ideas: Estoy listo para ayudar cuando me necesiten. Puedo decir palabras alentadoras. Puedo orar por mi amigo. Puedo ser bondadoso con los que me rodean. Puedo mostrarle a mi amigo pasajes bíblicos que le serían de ayuda.
Todas estas respuestas son magníficas. No obstante, Dios te puede usar aun de otra manera más para aliviar el dolor o problema de un amigo que sufre. Quizá podrás captarla mejor por medio de esta ilustración:
Supongamos que te encanta tu patineta. No obstante, un día compruebas la ley científica más básica: Lo que sube tiene que bajar. Y aunque vuelas por el aire cuando llega el momento de dar el salto y quedas suspendido tres segundos enteros, te caes al suelo como un plomo.
Elige: Cuando tu mejor amigo corre a tu lado para animarte, ¿cuál de las siguientes acciones te harían sentir mejor?

(a)      Tu amigo se queda dormido mientras estás hablando.
(b)      Tu amigo te dice qué tonto fuiste, y qué tonto es andar en patineta.
(c)      Tu amigo se pone furioso y amenaza hacerle juicio al tipo que te vendió la patineta.
(d)      Tu amigo te escucha atentamente, y después te dice algo como: “Siento mucho que te haya sucedido esto. Siento mucho que estés dolido. Aquí estoy para lo que me necesites, amigo”.


Si escogiste la última opción, tienes una buena idea de cómo Dios te quiere incluir en consolar a un amigo dolido. Romanos 12:15 nos anima a compartir el dolor de los que se sienten tristes.
Cuando te identificas con el dolor y sufrimiento de un amigo —diciendo cosas afectuosas y rodeándolo de cariño— Dios reduce milagrosamente el dolor de tu amigo. Y eso es hacer algo como lo hubiera hecho Jesús.
PARA DIALOGAR: ¿Quién a tu alrededor está sufriendo? ¿Qué puedes hacer al respecto?
PARA ORAR: Señor, danos oportunidades para aliviar la tristeza de otros por medio de compartir su dolor.
PARA HACER: Observa a toda esa gente alrededor tuyo que está sufriendo. Planea ayudar hoy a alguien ofreciéndoles consuelo.


McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

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