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viernes, 29 de marzo de 2013

Un grito de triunfo

 


Hace poco leí sobre Aron Ralston, un excursionista que quedó atrapado solo en el fondo de un remoto cañón. Con escasas posibilidades de que lo encontraran y casi sin fuerzas, tuvo que tomar medidas drásticas para sobrevivir. En un momento de dolor insoportable, dio un grito agónico y de triunfo, ya que se había liberado y tendría la posibilidad de escapar y seguir viviendo.

Aquellos que presenciaron la crucifixión de Jesús vieron sus horas de agonía y lo oyeron clamar en alta voz: «… consumado es…», mientras entregaba su espíritu (Juan 19:30). Sus últimas palabras desde la cruz no fueron una exclamación de dolorosa derrota, sino un grito de triunfo, porque había completado todo lo que el Padre lo había enviado a hacer.

Cuando Jesús murió, participó de todo lo que nosotros debemos experimentar. Pero mucho más allá de eso, hizo lo que ninguno de nosotros puede hacer: pagó el precio por nuestros pecados, para que podamos ser perdonados y tener vida eterna por medio de la fe en Él.

«Consumado es» fue el grito de victoria del Señor Jesucristo, porque ahora, a través de Él, podemos escapar del poder del pecado, vivir y ser libres.

Gracias al sacrificio del Señor por nosotros y su victoria sobre el pecado, podemos llamar este día Viernes Santo.


Jesús murió para que nosotros vivamos.


 

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