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lunes, 3 de diciembre de 2012

Bienaventurados en todo!

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Bienaventurados en todo!
Pero el que mira atentamente a la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1.25

El apóstol Santiago, el maestro eminentemente práctico en los escritos del Nuevo Testamento, nos da las claves para no convertirnos en oidores olvidadizos. La frase describe con admirable sencillez la condición de no poder retener la información que guía la conducta o el proceder en la vida. Esto puede tratarse de algo tan sencillo como llegar a un cuarto y no poder recordar por qué razón se vino a él, o algo mucho más complejo como puede ser la pérdida de memoria que es producto de enfermedades tan temibles como el Alzheimer. Para los efectos, los resultados son los mismos, pues uno queda desorientado y no sabe cómo proceder. Del mismo modo se podría describir a la persona que no retiene la Palabra de Dios. Se regocija con la proclamación de la misma pero no le da ninguna utilidad en su vida personal. Al igual que el exceso de maná recogido por los israelitas en el desierto, la palabra se «echa a perder» y rápidamente queda olvidada. No debemos desesperar por esta condición, tan común en estos tiempos en que estamos sobresaturados de la Palabra.
Santiago nos da claras instrucciones para llegar a ser bienaventurados en TODO lo que hacemos. Esas mayúsculas no están en el texto por error, sino para que usted y yo recordemos que el que vive la Palabra tiene promesa de bendición, y bendición «en abundancia» como afirmó Cristo. No debe confundirse esto con una vida sin problemas, que es la interpretación facilista del texto. Dios promete respaldar la vida de aquellos que viven conforme a sus designios, aun cuando les toque transitar por situaciones de extrema dificultad. Asimismo, no se nos debe escapar que esta bienaventuranza alcanza a los que hacen, no a los que oyen, estudian o memorizan la Palabra de Dios. Existe una gran diferencia entre el ejercicio intelectual que implican las últimas opciones y el esmero que es condición indispensable de la primera.
¿Cuáles son estas instrucciones de Santiago? En primer lugar, debemos mirar «atentamente» a la ley perfecta. Esta actitud indica una concentración de los sentidos que no puede ser lograda en una leída superficial del texto. Es el fruto de la convicción de que los tesoros más preciosos de la Palabra están al alcance de aquellos que realmente están dispuestos a buscarlos, esperando la revelación del Espíritu. Presupone el deseo de ocuparse con seriedad de la lectura de sus mandamientos.
En segundo lugar, Santiago exhorta a perseverar en ella, siendo un «hacedor de la obra». ¿A que obra se refiere? Precisamente a la que resulta del estudio de la Palabra. Dios no entrega su verdad para informar, ni entretener, sino más bien para orientar hacia una acción concreta. El resultado del estudio será que nos mueva a hacer algo. Solamente aquellos que obedecen ese impulso divino alcanzarán la plenitud de la bendición, pues la obediencia desata el respaldo del Altísimo.

Para pensar:
La perseverancia es necesaria porque ni la carne ni el mundo nos acompañarán en el deseo de vivir en luz. La victoria es de aquellos que no desisten fácilmente de lo que se han propuesto.

Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

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