lunes, 10 de septiembre de 2012

“Todos” no siempre significa “todos”

Lectura bíblica: Daniel 1:6–15

Pero Daniel se propuso en su corazón no contaminarse con la ración de la comida del rey ni con el vino que éste bebía. Daniel 1:8


Nicolás llegó a casa de la escuela con una invitación para ir a la casa de Roberto para andar en su bicicleta motocross por unas sendas especiales para ese fin en el bosquecillo detrás de la casa de éste.
—Tengo que ir ahora, mamá —insistió—. ¿Me puedes llevar? Los chicos se van a encontrar allí en un ratito.
—Nicolás, ya te he dicho que no —repitió la mamá.
—Por favor, mamá —rogó Nicolás—. Todos los chicos van.
—No me importa cuántos de tus amigos van. No quiero que vayas a la casa de ningún amigo cuando no hay ningún adulto. Y punto.
Nicolás estuvo furioso toda la tarde y la noche, hasta que habló con Roberto el lunes. Resultó que sólo a uno de los muchachos lo habían dejado ir. Pero había otra novedad. El chico que fue se había caído de la bici y se había roto la muñeca. Y como no había ninguna persona mayor, Roberto tuvo que llamar una ambulancia.
Nicolás había caído en la trampa de creer eso de “todos lo hacen”. ¡Qué mentira! Mucho menos chicos hacen cosas inapropiadas de lo que tú piensas.

•      Todos no están fumando. Las encuestas muestran que más del 70 por ciento de los estudiantes de secundaria (preparatoria) no fuman regularmente.
•      Todos no beben bebidas alcohólicas. Más del 50 por ciento de los estudiantes encuestados dijeron que no habían bebido en los últimos 30 días. Más del 20 por ciento dijeron que nunca han bebido.
•      Todos no andan en drogas. Por ejemplo, casi el 50 por ciento de todos los jóvenes norteamericanos rechazan las drogas ilícitas en la secundaria (preparatoria).
•      Todos no están perdiendo su fe en Dios. En un estudio realizado recientemente por el Grupo de Investigación Barna, el 65 por ciento de los jovencitos manifestaron que querían tener una relación estrecha con Dios*.

Los chicos muchas veces usan el cuento de que “todo el mundo lo hace” para manipular a sus amigos y a sus padres. ¡No lo creas! Y si todos realmente “lo hacen”, eso no significa que tú también tengas que hacerlo. Puedes ser como Daniel y sus tres amigos. No cedieron ante la presión de conformarse a lo que los demás hacían y, como resultado, Dios los bendijo.
* Josh McDowell y Bob Hostetler, Convicciones más que creencias (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2003), p. 18.
PARA DIALOGAR: ¿De qué manera te mantienes firme cuando los demás te presionan para que te conformes a lo que ellos hacen?
PARA ORAR: Señor, danos valentía para resistir aquello de “todos lo hacen”.
PARA HACER: Prometan llamarse mutuamente la atención —chicos o adultos— cuando tratan de usar el argumento “todos lo hacen”.

sábado, 8 de septiembre de 2012

¿Quién es el más importante?

20 imágenes bonitas para ver, disfrutar y compartir

Lectura bíblica: Mateo 20:20–28

Cualquiera que anhele ser grande entre vosotros será vuestro servidor. Mateo 20:26


Piensa a ver si te gustaría llegar a ser algún día una líder como la señora Romano.
La señora Romano es una mujer de negocios con un puesto gerencial importante en su compañía. Desprecia a todos los que considera menos importantes que ella, prácticamente todo el mundo. Cuando entra su asistente a la oficina, la señora Romano le grita furiosa sus órdenes usuales:
—Haga venir a ese idiota de Pérez, y dígale a Alicia que…
Se detiene en el medio de la frase al ver la cara de alarma de su asistente, quien le dice:
—Llamó la señora de la guardería que cuida a su hija. Daniela ha desaparecido.
La señora Romano toma su teléfono celular y llama a la señora de la guardería, la bombardea con preguntas mientras sale a toda carrera de la oficina. Se sube como un bólido a su auto de lujo, y sale volando para la guardería. Si algo le pasa a Daniela, me muero. No se detiene en el semáforo rojo. ¿Y si no la encuentro? piensa aterrada.
Cerca de la guardería, ve un guardia de tránsito en la intersección que le hace una señal para que pare, y pisa a fondo el freno. Está a punto de estallar de furia. El viejo guardia ha estado ayudando a los chicos a cruzar esa calle durante años y la señora Romano siempre lo ha considerado un viejo insignificante. Y ahora, obligándola a parar, le está haciendo perder un tiempo precioso.
La señora Romano abre la boca para gritarle, luego nota en sus brazos una nenita, ¡es Daniela! El viejo guardia la había encontrado en el parque y la estaba llevando de vuelta a la guardería. La señora Romano abre volando la puerta del auto y corre histéricamente hacia el hombre. Toma a su hijita de tres años y la abraza, llorando de felicidad y agradecimiento. La señora Romano, la poderosa ejecutiva, de pronto se siente muy pequeña. Y el viejo guardia a quien antes consideraba insignificante, es para ella muy importante.
Tema para comentar: ¿Qué opinas de la señora Romano?
La señora Romano es “egotista”, alguien que se ve como el centro del universo. Pone sus intereses antes de los de todos los demás, pensando: Olvídate de todos los demás. Mientras le saque toda la ventaja posible a la vida, seré feliz. Pero la vida no es así. Seguir esa estrategia puede hacerlo rico o poderoso a uno, pero también lo deja amargado y solo.
Jesús enseñó que tú y todo el resto de los seres humanos son inmensa e igualmente importantes para Dios. Reconocer el valor de todos los que te rodean no interfiere con tu felicidad. Produce felicidad.
PARA DIALOGAR: ¿Qué piensas de Dios quien nos considera valiosos a todos?
PARA ORAR: Señor, ayúdanos a tratar a todos los que nos rodean como personas que son importantes para ti.
PARA HACER: ¿A quién has despreciado en el pasado? ¿Qué quieres hacer hoy para demostrar el valor de esa persona?



McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Medidas radicales

Las mejores imágenes y fotografías de paisajes naturales - The best and free nature landscapesPor tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti: mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser arrojado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego. Mateo 18.8–10

La Palabra nos da al menos dos claros procedimientos para resolver el tema del pecado en nuestras vidas. Uno de ellos se refiere a lo que podríamos llamar «pecados ocasionales». Estos pecados son comunes a todas las personas y en los mismos ocasionalmente también caemos nosotros. Quien está espiritualmente atento a lo que está pasando en su vida podrá detectar el nacimiento de un pensamiento que invita al pecado. El apóstol Pablo afirma que para andar en obediencia es necesario tomar estos pensamientos cautivos. Es decir, debemos «arrestar» el pensamiento mientras aún se está formando y colocarlo a los pies de Cristo, reafirmando que estamos bajo Su señorío.
El texto de hoy se refiere a una segunda categoría de pecados, aquellos que podríamos llamar pecados «habituales». Estos son los pecados que ya se han instalado en forma permanente en nuestras vidas. Nos encontramos atrapados en un círculo vicioso que no produce ninguna solución definitiva a nuestro problema. Caemos en pecado, lo confesamos, hacemos votos de nunca más cometer ese pecado, pero al poco tiempo estamos otra vez en la misma situación.
Cristo es radical con este tipo de situaciones. Nos dice que donde ya no existe la posibilidad de vencer por medio del dominio propio, porque el dominio propio es muy débil en determinada área, entonces debemos adoptar una postura más tajante. Debemos extirpar de nuestras vidas aquella actividad, circunstancia o situación que continúa alimentando un hábito pecaminoso.
Permítame ilustrar esto. Supongamos que a un joven le apasiona el fútbol. Cada vez que juega, sin embargo, pierde los estribos y entra en comportamientos de agresión violenta contra sus hermanos. Ya ha confesado muchas veces su pecado, como también pedido perdón a los involucrados. Pero siempre vuelve a caer. ¿Cuál es la solución que propone Cristo? Que deje de jugar al fútbol hasta que pueda adquirir el dominio propio para jugar sin deshonrar al Señor.
La misma realidad podría aplicarse al que mira mucha televisión, o al que es muy discutidor o a la persona que no puede controlar sus gastos. En cada caso, el camino de la resistencia no dará resultados. Lo que hace falta es un remedio más radical. Evitar la situación particular que nos lleva a caer una y otra vez en ese pecado.
El pecado no es asunto para tomar con liviandad. Cuando no se lo corrige, va empañando nuestra visión y endureciendo nuestro corazón para, eventualmente, como señala el apóstol Santiago, producir en nosotros la muerte (1.15). Para semejante mal solamente servirán decisiones que dan un corte definitivo al problema. Es mejor perderse algunas cosas en este tierra y tener amplia entrada en los cielos.


Para pensar:
«Es mejor morirse de hambre que ir a pedirle comida al diablo». Tomás Watson.

martes, 4 de septiembre de 2012

CADA UNO ESPECIAL

La gloria de los jóvenes es su fuerza; la belleza de los ancianos, su vejez. Proverbios 20.29

El autor de Proverbios escoge dos grupos de personas que están en extremos opuestos de la vida, para compartir una importante observación con nosotros. Los jóvenes están comenzando a construir sus vidas, realizando el proceso de integración que los convertirá en miembros útiles de la sociedad. En la otra punta se encuentran los ancianos, la gente que ya está terminando la carrera y que ha, en gran parte, completado su aporte a la sociedad. Ambos, nos dice el versículo, son especiales.
A nosotros nos ha tocado vivir en una sociedad que eleva a un lugar de privilegio a la juventud. Pagamos cifras millonarias a muchachos que deslumbran con sus habilidades de jugar al fútbol o al básquet. Las «súper» modelos del mundo de la ropa son las estrellas que siguen alocadamente multitudes de adolescentes que pretenden ser iguales a ellas. Los jóvenes con talento para la música, dueños de contratos de grabación astronómicos, son los que imprimen sobre toda una generación sus valores y criterios acerca de la vida. En el mundo de las empresas, las personas con cuarenta años de servicio leal a la compañía se tornan dispensables, pues deben hacer lugar para la ola de graduados universitarios que, se cree, representan el futuro del mercado.
Dentro de este marco, la vejez es un castigo. El que ha entrado en la etapa de retiro es una persona que no tiene delante suyo otro desafío que esperar la llegada de la muerte. Aunque mostramos cierta ternura hacia los que son ancianos, pocos los consideramos como miembros valiosos de la sociedad.
El texto de hoy corrige esa creencia, tan arraigada en el ser humano, de que hay una etapa de la vida que es mejor que la otra. Cada etapa es especial. Trae consigo ciertos desafíos que son diferentes a los que enfrentan aquellos que se encuentran en otras etapas de la vida. Es justamente porque queremos medir todas las etapas con el mismo criterio, que se convierten en indeseables. Si tomamos lo que es la gloria de la juventud y la aplicamos a la vejez, de seguro tendremos la opinión de que es una etapa muy triste. Los ancianos son personas que pierden, día a día, la vitalidad y la fuerza que en otro tiempo poseían en abundancia. De la misma manera, si nuestro ideal tiene que ver con la belleza física, el cuerpo esculpido y el rostro reluciente, nos resistiremos con toda nuestra fuerza al avance de los años.
El texto de hoy, no obstante, nos dice que la hermosura de los ancianos es, precisamente, su vejez. Detrás de esas arrugas y esos cabellos canosos, hay toda una vida de experiencia, de luchas y victorias. En sus rostros hay una historia que merece ser contada. De sus errores y aciertos hay muchas lecciones que podemos aprender. Les debemos nuestro respeto porque han corrido con perseverancia la carrera de la vida. Nosotros aún no sabemos si llegaremos a donde ellos han llegado. El anciano, en el reino de Dios, es valioso porque hace un aporte que el joven no puede hacer.

Para pensar:
«Delante de las canas te levantarás y honrarás el rostro del anciano. De tu Dios tendrás temor. Yo, Jehová» (Lv 19.32).

domingo, 2 de septiembre de 2012

tened por sumo gozo

Hermanos míos, gozaos profundamente cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Pero tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Santiago 1.2–4

Este es un pasaje bien conocido para todos los que llevamos un tiempo en el camino del Señor. No debemos permitir, sin embargo, que la familiaridad con el texto nos robe la posibilidad de seguir aprendiendo lo que Dios quiere decirnos a través de su Palabra. Hay varios puntos importantes en la exhortación del apóstol Santiago.
En primer lugar, debemos notar que el apóstol anima a los hermanos a una actitud de gozo en medio de las dificultades. El gozo es una de las cosas que caracteriza a los que andan en Cristo y no deben existir situaciones que nos priven de disfrutar de él. Normalmente, el gozo es el resultado de algo que nos hace bien, algún acontecimiento, alguna palabra, alguna experiencia que encontramos agradable para nuestro ser. En estas situaciones, nuestros gozo se desborda y lo compartimos con otros.
He aquí nuestra dificultad, entonces. ¿Cómo gozarnos cuando nos encontramos en situaciones de prueba? La mayoría de nosotros no logramos sentir el más mínimo gozo cuando estamos sumergidos en situaciones que consideramos negativas o tristes. Santiago, sin embargo, nos está ayudando a entender que esto NO es el resultado de tener los ojos puestos en la prueba o tribulación por la que estamos atravesando. Lógicamente, ninguna crisis va a inspirarnos para dar gracias, ni tampoco a sentir alegría. Al contrario, cuanto más la analizamos más profundamente nos desanimamos.
La exhortación de Santiago no es a mirar la prueba, sino el resultado de la prueba. ¿Cuál es ese resultado? Que seamos perfectos y cabales, sin que nos falte nada. En esa expresión «sin que falte nada» está incluida justamente la perspectiva que en este momento no nos permite gozarnos! La palabra «perfecto» es muy importante en el Nuevo Testamento. No se refiere a que seamos personas que nunca cometen errores, ni caen en pecado. ¡Nada de eso! Se refiere, más bien a la perfección desde la óptica de Dios, que es la posibilidad de vivir, en toda su plenitud, la vida a la cual el Señor nos ha llamado, cumpliendo así el propósito para el cual fuimos creados.
Tome nota de un detalle importante en el texto: no es usted el que está siendo probado, sino su fe. Claro, usted me dirá que de todos modos usted es el que sufre la prueba. El Señor, sin embargo, no se ha propuesto hacerle pasar un mal momento solamente por un capricho de él. Él está trabajando para que su fe sea la que debe ser. Usted y yo sabemos que esto es muy importante, pues la fe es uno de los ingredientes básicos de la vida espiritual. «Sin fe», nos dice el autor de Hebreos, «es imposible agradar a Dios» (11.6). De modo que necesitamos de toda la ayuda que él pueda darnos en esto, para tener una fe viva, dinámica y robusta.


Para pensar:
¿Cómo se lleva a la práctica esto? Lea Hechos 16.22–34 para ver cómo lo hicieron Pablo y Silas. ¡Allí tenemos un tremendo ejemplo del gozo en medio de las aflicciones!

jueves, 30 de agosto de 2012

Un camino de doble mano

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15.4–5

Ni bien la rama es quitada de la planta, se seca y muere. No puede subsistir por si sola, y mucho menos podrá llevar fruto. Todos los elementos que necesita para la vida están en la vid. No puede almacenarlos, ni tampoco desarrollar la capacidad de eventualmente proveer para sus propias necesidades. Su única esperanza es la de nutrirse de la vid, y para eso debe permanecer en ella.
Cristo llamó a los discípulos a permanecer en él, porque sin él no podían hacer nada. Es importante que notemos lo categórico de esta frase. No es que, separados de él, las cosas van a ser más difíciles, o que los logros serán insignificantes. Cristo les dijo que no habría una sola cosa que podrían realizar si no estaban unidos a él.
¿Qué significa, entonces, este «permanecer» en él? La rama tiene una relación continua con la planta. No se encuentra con la vid una vez por día, o dos veces por semana. Se nutre de la vid en todo momento. De manera que «permanecer», en su sentido más sencillo, implica abrirse a cada paso a la vida que Cristo quiere producir en nosotros. Es poner toda la atención y el enfoque en él, buscando que él sea el todo de nuestra existencia.
Cristo, sin embargo, añadió otra condición para dar fruto. Le señaló a los discípulos que también era necesario que él permaneciera en ellos. En esto vemos claramente que la relación no depende enteramente de nosotros. Muchas veces, con nuestra lista de actividades que intentan cultivar una vida espiritual, creemos que estamos permaneciendo en él. Mas Cristo dijo que todo esto tendría poco valor si él no permanecía en nosotros.
¿Y cómo permanece él en nosotros? Él les dijo «Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros» (Jn 15.7), dando a entender que se trataba no solamente de buscarlo, sino de prestar atención a lo que él quería decirnos. En el caso de que siguieran sin entender, añadió: «si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor» (Jn 15.10). Es decir, toda nuestra devoción, nuestra alabanza y nuestras oraciones, no tienen sentido si no están acompañadas de una vida de obediencia a él. Es en el cumplimiento de sus mandamientos que nos aseguramos que él tiene participación en nuestras vidas, y no solamente nosotros en la de él.
Debe quedar claro, entonces, que esta vida a la que hemos sido llamados no podrá prosperar si insistimos en ser nosotros los que la dirigimos. No se nos ha pedido que nos esforcemos por buscarlo, sino que dejemos que él dirija nuestra vida. Esto implica que nuestras actividades no son tan importantes como las actividades que él realiza en nosotros.

Para pensar:
«El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él» (Jn 14.21).

miércoles, 29 de agosto de 2012

Cristo, la vid verdadera

Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Juan 15.1–2

Con frecuencia Israel había sido representado, en el Antiguo Testamento, como una vid. En la mayoría de los casos, sin embargo, esto no constituía ningún halago, pues los profetas casi siempre la habían denunciado por la pobre calidad de su fruto. Cristo declaró a sus discípulos que él era la vid verdadera. Él es la planta de la cual se nutre toda rama, todo gajo, toda hoja, todo racimo y toda uva. La iglesia no es la vid, ni tampoco lo son los pastores, ni los encargados de diferentes ministerios dentro de la congregación. La iglesia es parte de las ramas, pero lo que sostiene a todo, y está en todo, y se mueve por todos, es Cristo.
El Padre no es la vid. El Padre es el dueño de la vid y el que la trabaja. Solamente él ve la vid en su totalidad y sabe dónde necesita ser podada, dónde necesita ser apuntalada, dónde necesita que la tierra alrededor de sus raíces sea removida. Él conoce las necesidades de la vid como no pueden conocerlas los más astutos observadores humanos. El trabajo del Padre tiene el propósito de asegurar que la vid cumpla la función para la cual ha sido creada, que es producir uvas en abundancia.
Para asegurarse este resultado, el Padre realiza dos actividades fundamentales. Las ramas que no producen fruto las corta y las echa fuera. En esto, Cristo no anduvo con rodeos, sino que dejó absolutamente claro el procedimiento del Padre. La rama existe para llevar el fruto que la vid produce en ella. La rama que no cumple esa función no puede permanecer en la vid como adorno. De persistir su infertilidad, aun habiéndole proporcionado los cuidados necesarios, se la quita de la planta. Esa rama está utilizando recursos y energía que podrían ser mejor aprovechados por las ramas que sí son productivas.
Una segunda actividad del Padre tiene que ver con las ramas que producen fruto. Cristo no dijo que las ramas se comparaban entre ellas para ver cuál daba más uvas, o cuál producía la más sabrosa fruta. Tampoco dice que el Padre les da una «palmadita» por su buen trabajo en producir fruto. El Señor declaró que el padre poda las ramas que dan fruto, para que produzcan mayor fruto. Cualquier productor sabe que este proceso, que es momentáneamente doloroso, acaba fortaleciendo a la rama y a la planta en general.
Para pensar:
La analogía apunta a dos claras conclusiones. En primer lugar, no existen categorías de ramas, algunas con «llamado» y otras no. Todas las ramas, sin excepción, deben producir fruto. Ninguna rama ha sido destinada a la función de decorar. En segundo lugar, nadie se salva de la tijera de Dios, ni siquiera los que «andan bien». ¡Todos son podados! Algunos para vida, y otros para muerte.

lunes, 27 de agosto de 2012

La teología de la caja de chocolate Estudios en 1a de Corintios

Un día usted me compra una hermosa y gran caja de chocolates. Tiene de todos tipos imaginables: los hay con nueces, galletas o caramelo; algunos crujientes, otros suaves; unos con menta, otros no; los hay con pasas, con cerezas o con otras frutas; algunos son de chocolate amargo, otros de chocolate claro y otros de chocolate blanco, o hasta una mezcla. Es su amplia variedad lo que hace que sea tan impresionante, y sin duda alguna, costoso. ¡Que bello regalo!

Pero, ¿que hago? Muerdo uno y al no hallar lo que me gusta, tomo otro. No solo eso, sino que soy tan grosero como para escupir los dulces en la basura mientras usted me ve, y mi rostro refleja el disgusto. Ni siquiera me preocupo por probar los chocolates blancos antes de tirarlos. “Yo solo quiero los de chocolate amargo rellenos con nueces,” digo yo, enojado como si quisiera reprocharle a usted no haberme dado solo de esos. El chocolate gotea de mi boca mientras escupo uno a uno todos esos dulces caros. Hago fuertes ruidos de satisfacción cuando devoro uno del tipo que me gusta.

Tengo la horrible sospecha de que hacemos lo mismo con los dones divinos. Dios nos da una amplia variedad de sus dones. Envía un pastor que no es un predicador profundo pero cuya especialidad es visitar al enfermo y ayudar al necesitado. Envía gente que escribe toda clase de buenos libros. Nos manda maestros y maestras, todos distintos.

El Dios que envió a Pablo a la iglesia de Corinto también envió a Apolos, a Cefas/Pedro y a otros (3:18); rechazar a uno de los siervos fieles de Dios significa rechazar el don de Dios. ¡Que absurdo centrarse solo en Apolos y despreciar, o hasta atacar, a los dos apóstoles enviados por Dios! Quienes se complacen con el que siembra la semilla, también deben darle honor al que riega, o mejor aun, al Maestro que ha enviado tanto al sembrador como al que riega. Los partidarios de Pablo deberían sentarse a los pies de un Cefas y de un Apolos de modo que disfruten todas las riquezas de los dones de Dios.

Obviamente no estoy justificando a los maestros falsos: en este blog he hablado en contra de las versiones falsas del evangelio mesiánico y la doctrina false de rhema. En esta entrada hablo de los maestros y maestras sanos, aunque variados.

Por supuesto, en nuestra experiencia no todo el mundo es un Pablo ni un Pedro ni un Apolos. Existe una gran cantidad de maestros horribles, de escritores pobres y de pastores negligentes. ¡Es la pura verdad! Pero asegurémonos de demostrar aprecio por los dones divinos disfrutándolos tanto como sea posible. Si esto verdaderamente sucede dentro de una congregación, también pasa lo mismo en iglesia tras iglesia, en denominación tras denominación. Si somos bautistas, aprendamos tanto como podamos de nuestros hermanos y hermanas de las Asambleas de Dios. Si somos pentecostales, aprovechémonos de aquellos famosos teólogos presbiterianos. Si somos independientes, apreciemos las denominaciones y viceversa. No nos volvamos tan orgullosos que nos sea imposible admitir que otros también tienen el Espíritu de Dios.

“Así que nadie se gloríe en los hombres; pues todo es vuestro – sea Pablo, sea Apolos, sea Pedro” (3:21-22). Abramos nuestro corazón a todos los dones que Dios nos da, no solo a los que cumplen con nuestros “elevados estándares”.

“La teología de la caja de chocolate,” por Gary Shogren, Ph.D., Profesor de Nuevo Testamento, Seminario ESEPA, San José, Costa Rica

lunes, 20 de agosto de 2012

Las dimensiones de nuestro llamado

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo. Efesios 4.11–12

Hay algunos textos en la Palabra que nos presentan lo que, hoy en día, llamaríamos una descripción de trabajo. Es decir, nos ayudan a entender cuál es la función que debe estar cumpliendo la persona que ocupa determinado rol dentro del pueblo de Dios. El pasaje de hoy es uno de esos textos, que proporcionan una clara descripción de la función de aquellos llamados a ministerios de liderazgo dentro de la iglesia.
La lista de Pablo tiene una amplitud de roles que hoy está faltando en la iglesia. Las autoridades más comunes entre nosotros son, sin duda, los pastores y maestros. La iglesia no ha sabido bien qué hacer con los demás ministerios de esta lista: apóstoles, profetas y evangelistas. Algunos grupos, por medio de un inexplicable salto exegético, creen que estos ministerios ya no son válidos. Otros muestran cierta tolerancia hacia ellos, aunque no crean los espacios necesarios para su expresión dentro del cuerpo. Esto ha obligado a los que poseen estos roles a optar por los llamados «ministerios paraeclesiásticos», que frecuentemente son el resultado de la frustrante falta de apertura de la iglesia local. En los últimos años hemos visto todo un resurgimiento de los ministerios no tradicionales de apóstol y profeta, pero sospecho que esto tiene mucho más que ver con un insaciable deseo de autoridad y prestigio, que con una genuina comprensión de la importancia que tienen para el cuerpo de Cristo.
Pablo efectúa tres afirmaciones relacionados a estos ministros en la iglesia. En primer lugar, el rol de todos ellos -y no solamente del pastor- es la capacitación de los santos. Por esto se entiende darle a los santos todas las herramientas y la formación necesarias para que ellos cumplan con el rol que se les ha asignado. Esta es una tarea que no ha sido delegada a ninguna otra persona dentro del cuerpo de Cristo, y es fundamental que los líderes lo entiendan.
En segundo lugar, la función de los santos es hacer la obra del ministerio. Es decir, actividades tales como la visitación, el servicio, el apoyo a los caídos, la atención de los nuevos, el evangelismo personal, y tantas otras cosas, deben ser responsabilidad de los santos, no de los líderes. Es en esto que encontramos el error conceptual más arraigado en la iglesia, pues los santos creen que esta es la responsabilidad del líder. Nuestro idioma refleja esta idea, pues decimos que el pastor se dedica «tiempo completo» al ministerio. En la mayoría de los casos, esto convierte a los santos en observadores pasivos.
La tercera afirmación de Pablo es que el funcionamiento adecuado de cada uno dentro del cuerpo es lo que produce su edificación. Tome nota que no dice que el pastor edifica la iglesia, sino que Cristo la edifica mientras cada uno hace lo que le corresponde.

Para pensar:
Este modelo tiene implicaciones fabulosas y un potencial que no puede ser exagerado. ¡Qué excelente momento para redescubrir el genial proyecto de Dios al establecer en la tierra la iglesia, que es el cuerpo de Cristo!

lunes, 6 de agosto de 2012

Sueñe en grande

Cuando escudriña su corazón, ¿qué desea en la vida? Deje que su mente buya. A medida que vaya dando respuestas, haga una lista de todo lo que le venga a la mente.

Quizá le gustaría ser la clase de persona que logra metas, pero siempre surgen imprevistos. No sabe cómo dar el paso siguiente hacia el logro de sus sueños.

Si se siente impulsado a hacer algo significativo, si se ha comprometido a derrotar hábitos de inercia, está en condiciones de convertir la dinámica de su sueño en acciones que logren resultados.

Desarrolle confianza propia

Uno de los sueños de Paul en la universidad fue llegar a ser un orador exitoso. Aunque muy temeroso ante la perspectiva de hablar en público, el sueño de Paul seguía en pie. Comenzó un curso de acción para conquistar su sueño.

Primero, puso por escrito algunos pensamientos y bajó a una ruidosa sala de calderas en el sótano de un edificio y cerró la puerta para que nadie lo escuchara. Imaginó que las tuberías que había en la sala eran personas que con sumo interés esperaban oírlo. El ruido de la turbina en la sala exigía que se esforzara en proyectar su voz. Comenzó con pausas vacilantes y errores, y palabras equivocadas y pronunciaciones incorrectas. Pero nada de esto importaba a las tuberías y calderas. Sólo “pedían a gritos” más y más. Día tras día siguió con esa práctica hasta que las palabras comenzaron a fluir y se diluyeron las torpezas verbales.

Segundo, buscó un instructor. Se enteró de una competencia de oratoria y decidió

inscribirse para participar. El profesor era un hábil preparador que estimuló a Paul y le mostró lo que debía hacer. Para sorpresa de todos, Paul ganó la competencia y alcanzó el quinto lugar en la nación.

La acción derrota el temor. Cuando usted decide actuar con confianza, es mucho más probable que supere el temor y convierta la dinámica de su sueño en resultados. Los resultados, a su vez, incrementarán su confianza. Por eso lo exhortamos a que determine cuál es el paso siguiente y lo dé. Descubrirá que ir avanzando hacia su sueño, aunque los pasos parezcan pequeños, va fortaleciendo su confianza.

Manténgase centrado

Encuentre formas creativas de mantener bien claro su punto focal. Fotografías en la puerta del refrigerador, canciones que lo estimulan, grabaciones que inspiran, mensajes de voz dirigidos a uno mismo, copias del «sueño de su vida» en cada habitación de la casa, son recordatorios diarios del «sueño de su vida».

Paul lleva una copia del «sueño de su vida» en la visera de su automóvil. Dice entre otras cosas: «Formar parte de lo que Dios está haciendo en cambiar el mundo, una persona a la vez». El recuerdo del «sueño de su vida» lo dinamiza durante el tedio de conducir para cumplir con una cita. Expande su visión de su «mundo». Le recuerda la importancia de cada una de las personas con las que entra en contacto. Lo desafía a seguir avanzando en la dirección de su sueño.

Visualice su éxito

Un factor muy valioso que motiva a actuar es pensar en su sueño ya hecho realidad. ¿Cómo lo ve? ¿Se permite soñar despierto acerca del «sueño de su vida»? En el caso de Walt Disney, no fue una simple jactancia afirmar: «Si lo puede soñar, lo puede hacer». Walt Disney, «vio» Disney World antes de haberlo construido.

Dé el paso siguiente

Todos los sueños exigen disciplina, que es la regulación de la conducta para actuar conforme a lo aprendido. Como dice Pat Williams, la disciplina es «hacer algo que no se desea hacer con el fin de lograr algo que se desea lograr»

No permita que lo que no puede hacer interfiera con lo que sí puede hacer.

Sueñe en grande

La Biblia—¡Es Confiable!

Si se me concediera un deseo para el pueblo de Dios, sería que todos volviéramos a la Palabra de Dios; que nos diéramos cuenta de una vez por todas que el Libro de Dios tiene las respuestas. La Biblia es la autoridad, el lugar final de reposo de nuestros cuidados, preocupaciones, aflicciones, tragedias, tristezas y sorpresas.



En un mundo de relativismo, la Biblia habla en términos de bien y mal, lo bueno y lo malo, sí y no, verdad y falso. En un mundo en que se nos estimula a hacer algo “si se siente bien,” la Biblia habla de lo que es pecado y de lo que es santo. Las Escrituras nunca nos dejan con una mirada aturdida en nuestra cara, preguntándonos sobre las cuestiones de la vida. Dice, en efecto: “Las cosas son así; y las cosas no deben ser así. Así es como se debe andar; no vayas allá.” Lo dice directamente. Provee el cimiento sólido que usted y yo necesitamos.

Pero espere. ¿Por qué este Libro califica como nuestra autoridad final? La oración más larga del Señor Jesucristo anotada en toda la Biblia está en el capítulo 17 de Juan. Mientras oraba, Jesús le dijo al Padre: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17).

Estoy muy agradecido porque ese versículo consta en la Biblia. ¡Qué afirmación tan absoluta de los labios de Jesús! “Tu palabra es verdad.” En cuatro palabras hallamos la base de nuestra creencia en la veracidad, confiabilidad, y la fuente de las Escrituras. Esto no es consejo humano; es la verdad, consejo divino.

¿Qué se necesita para hacernos libres? La verdad. Sí, la verdad. Fue Jesús mismo quien prometió una vez: “conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:32, VP).

Francamente, ese conocimiento hace algo en uno. Cuando uno se da cuenta de que las letras impresas en la página que uno está leyendo son, en realidad, el mensaje de Dios, la Palabra de Dios, eso se destaca. Absolutamente único . . . en una clase propia en particular. Piénselo de esta manera: el Libro de Dios es, por así decirlo, la voz de Dios. Si nuestro Señor se hiciera visible y volviera a la tierra y hablara su mensaje, sería de acuerdo a este Libro. Su mensaje de verdad encajaría exactamente con lo que se lee en las Escrituras. Esto es la opinión, consejo, mandamientos, deseos, advertencias del Señor; su propia mente.

Así que lo que tenemos es la preservación de un texto inerrable. Dios inspiró su mensaje a los escritores humanos, quienes, sin perder su propio estilo y personalidad, escribieron la verdad de Dios bajo su control divino (ver 2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:19-21). Y debido a que el Espíritu Santo supervisó el proceso en su totalidad, no hay absolutamente ningún error en las mismas palabras del texto original.

El punto crítico de la confianza de uno en la Biblia se relaciona directamente a la confianza de uno en la inspiración de ella. ¿Podemos estar seguros de que la Palabra de Dios está libre de error, y por consiguiente, merece nuestra confianza? Absolutamente y sin reservas.

La Biblia consiste de sesenta y seis libros, escritos por cuarenta escritores diferentes, en un período de unos 1500 años, en tres continentes, y en tres idiomas; y sin embargo la Biblia tiene un solo tema consistente y redentor: la salvación sólo por gracia mediante la fe sola en Jesucristo. ¿Cuáles son las probabilidades de tal unidad, en medio de tal diversidad, si la Biblia no fuera divina?

Para otro ejemplo, considere la arqueología. La pala del arqueólogo ha desenterrado numerosos hallazgos fascinantes que respaldan la credibilidad y confiabilidad de la Biblia. En una entrevista reciente en nuestro Insight’s Archaeology Handbook (Manual de Arqueología de Insight), el arqueólogo Bryant Wood anota:

Los hallazgos arqueológicos han revolucionado nuestra comprensión de la Biblia. Mediante los descubrimientos de la arqueología, tenemos textos antiguos que nos ayudan a comprender mejor los idiomas originales de la Biblia, así como también el mundo de la Biblia. Las personas, lugares, historia, religión y cultura material de la Biblia se entienden mejor como resultado de los hallazgos arqueológicos.

La Palabra de Dios es confiable. Es más, sigue siendo verdad hoy. Asombroso, ¿verdad? Este libro antiguo, inerrable, es confiable, incluso en el siglo veintiuno.

Es la verdad sencilla de la Biblia lo que lo mantiene a uno en calma en las situaciones más alarmantes. No es simplista, sino sencilla. La verdad profunda que la Biblia nos da es como una frazada abrigada que nos envuelve en una noche lúgubre y fría.

Permítame concluir con tres preguntas rápidas: ¿Quiere usted estabilidad? ¿Le gustaría tener perspectiva? ¿Desea tener madurez? ¡Por supuesto! Ni dudarlo. Todo eso, y mucho más, se puede hallar en la confiable Palabra de Dios. Incluso si usted pasa la mayor parte de su año cuestionando la autoridad de Dios, preguntándose en cuanto al Libro de Dios, no siga preguntándose y cuestionando.

Vuelva a esta raíz de verdad. Apóyese en ella. Empiece hoy. Le sostendrá. Le mantendrá fuerte. Calmará sus temores. Cuando se trata de la “autoridad final” en la vida, la Biblia llena los requisitos.

Nuestra fe es una ofrenda que satisface a Dios

  Versículos de la Biblia Filipenses 2:17 Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra ...